El espejo como juguete

A partir de los dos meses los niños empiezan a interesarse por los espejos y en ellos les resulta especialmente interesante la parte del rostro que va de la punta de la nariz hacia arriba.

Contemplar sus propio rostro les agrada mucho, sobretodo porque pueden controlar el movimiento que ejecutan. Entre los tres y cinco meses, un espejo adecuado en tamaño (no mucho mayor de 12 centímetros) y en material (acero inoxidable, por ejemplo) se convierte en un juguete de excelente calidad. Hay que asegurarse de que la imagen no quede distorsionada y se deben evitar los de vidrio por ser peligrosos. Como su interés no alcanza a los objetos que se encuentran más allá de los 35 cm., el espejo se deberá de colocar aproximadamente a diecisiete centímetros de la cara del bebé.

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